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08/03/2018

Hepatitis infecciosa canina

La hepatitis canina es una enfermedad viral que afecta principalmente a los perros y que se presenta con fiebre, falta de apetito, aumento de las secreciones nasal y ocular, conjuntivitis, vómitos y por supuesto hepatitis, con lo cual nos referimos a la inflamación del hígado.

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Es una enfermedad causada por el virus adenovirus canino tipo I. Este virus sobrevive durante varios días a temperatura ambiente y permanece viable durante meses a temperaturas menores de 4ºC. Es resistente a varios desinfectantes e incluso a ciertas frecuencias de radiaciones UV. Por lo contrario, lo podemos eliminar por calor 50-60ºC durante 5 minutos y por yodo.

A pesar de que la hepatitis canina es una enfermedad que suele presentarse en los perros también la pueden sufrir los osos, sobretodo en animales menores de un año.

El contagio de esta enfermedad se produce por contacto directo con animales enfermos que eliminan el virus por todas las excreciones y secreciones corporales, sobre todo por la orina donde se puede encontrar virus hasta 6 a 9 meses después de que nuestra mascota haya sido infectada. También nuestras mascotas se pueden contagiar al entrar en contacto con utensilios para la alimentación y las manos infectadas de algún integrante de su familia humana. Los ectoparásitos, como la pulga y la garrapata, pueden alojar al virus y por tanto pueden participar en la transmisión natural de la enfermedad.

Los perros que sufren esta enfermedad de forma aguda mueren en pocas horas y con frecuencia los dueños piensan que se debe a un envenenamiento. Los signos más frecuentes, en perros que sobreviven al periodo agudo, incluyen vómitos, dolor abdominal y diarreas con o sin sangre. Generalmente hay fiebre y falta de apetito. Es común observar amigdalitis y faringitis. También se observa catarro, con conjuntivitis y secreción ocular y nasal.

El curso de la enfermedad si no se complica suele durar de 5 a 7 días antes de mejorar.
Recuerda que la única persona que te puede dar el diagnóstico es el Médico Veterinario, y de ser así el tratamiento sólo le servirá a tu mascota a sentirse más cómodo a lo largo de su recuperación, ya que al tratarse de una enfermedad causada por un virus aún no hay ningún tratamiento efectivo frente al adenovirus tipo I. Sin embargo la mejor forma de prevenir esta enfermedad es mediante la vacunación. Generalmente se suele vacunar junto con la vacuna del moquillo y de leptospirosis.
Hay vacunas con el virus inactivado que para que puedan proteger al animal se necesita aplicar dos dosis de vacuna y la protección que confieren al animal es de 6 a 9 meses. En contraste, las vacunas vivas atenuadas tienen la ventaja que con una sola dosis protegen de forma eficaz y duradera.
Así pues, debe ser nuestro Médico Veterinario de confianza quien nos indique cómo y cuándo vacunar a nuestro perro.

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Bibliografía
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