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Cómo integrar a una nueva mascota a la familia

La llegada de una mascota a la familia es un evento muy especial e importante para todos.  

 

 

Es también determinante en la personalidad y la educación que tendrá tu nuevo amigo.  
Aquí te cuento las etapas que atraviesa un cachorro y cómo se le puede ayudar y educar para que sea un perro feliz entre humanos.
Al nacer, el cachorro comienza a aprender de su madre y hermanos. Esta primera etapa se llama imprinting o impregnación, y dura hasta las doce semanas de vida. Un período crítico satisfactorio, entre la segunda y séptima semana, es necesario para que el can luego alcance el equilibrio emocional y psíquico como adulto.

Un imprinting exitoso no es difícil, sólo hay que seguir unas reglas básicas. En primer lugar, se recomienda no separar al recién nacido de sus hermanos y madre por lo menos durante el primer mes, es decir, recién a partir de la sexta u octava semana de vida. Esta relación sentará las bases de la personalidad de tu mascota y su carácter.

Como regla número dos se recomienda que tenga contacto con personas en esta etapa,en un ambiente pacífico y tranquilo, aunque sea por breves períodos de tiempo. Una estimulación temprana, por parte de la familia que acoge al animal, creará un imprinting asombrosamente positivo, ya que luego de las doce semanas de vida, el cachorro estará menos sensible a la recepción de estímulos.

La socialización es la etapa siguiente y está íntimamente relacionada con la de imprinting. Sin embargo, aquí el objetivo es que el cachorro comprenda su espacio en el mundo real, ya lejos de su madre y hermanos. Ocurre entre las semanas ocho y 16, aproximadamente, e incluye tres facetas distintas: con otros individuos de su especie, con otros animales y con personas.


Para integrar una mascota a la familia es necesario que su familia humana demuestre una justa autoridad frente a ella y le indique dónde realizar sus actividades, a qué hora come en caso de tratarse de un perro -con un gato esto no será necesario-, cuando una riña o un juego traspasa los límites y con qué o dónde no puede jugar, entre otros puntos.  
Esta jerarquía, sin embargo, debe ser ejercida en forma justa y siempre justificada, sino podría desconcertar al cachorro y eliminar lo ya aprendido.

En el caso de que ya haya otras mascotas en la familia, la interacción en primera instancia deberá ser bajo supervisión adulta, sobre todo si el otro perro o gato es más grande. La educación aquí debe ser realizada con perseverancia y sin violencia, una situación traumática puede generar miedos muy difíciles de superar en la etapa adulta.

La interacción con otros animales sanos -y desparasitados- y sus dueños es también muy recomendada en las primeras etapas. Esto no sólo sirve para que la mascota conozca su existencia, sino también para que aprenda que los integrantes de la familia no son los únicos humanos en el mundo. Una buena interacción aquí le dará las bases para poder desenvolverse en las diferentes etapas de su crecimiento frente a otros animales sin problemas.

Las “reuniones de cachorros” son también recomendables cuando llega una nueva mascota. Aprender a interactuar con pares y jugar sin violencia sentará, sin dudas, las bases para que un perro pueda ser sociable con su entorno. Sin embargo, a veces el imprinting o la sociabilización pueden costar más en algunos cachorros o en animales que se adoptan cuando ya son grandes. En el caso particular de los perros, puede suceder que, al encontrarse con otras personas o animales se emocionen más de la cuenta o que se asusten fuera de casa. Para ellos fue que nació el proyecto Yellow Dog.

 

 

Si has visto un perro que en su correa tiene un moño amarillo, es parte de este proyecto. Se trata de un movimiento global que ayuda a padres y niños, sobre todo en ámbitos como el parque o a la calle, para identificar a los perros con los que hay que proceder con precaución. Puede ser debido a que éste tenga un problema de ansiedad o porque se emocione tanto que pierde control.

Se trata de perros que requieren un poco más de distancia y cautela al acercarse, lo cual no significa que sean malos o agresivos. Los moños amarillos los pueden tener los perros recién adoptados, así que esta es una nueva forma de prevenir accidentes y situaciones traumáticas para tu compañero si recién se incorpora a la familia y todavía se está adaptando.

Así que si decides integrar un nuevo compañero de cuatro patas a tu familia, recuerda que las primeras etapas serán decisivas en la formación de su personalidad. Y si este proceso resulta más difícil o simplemente quieres tener más cautela, un moño amarillo es suficiente para unirte a esta campaña de prevención y asegurar una feliz interacción entre tu perro y la sociedad.

 

Bibliografía:

  • Edwards Patiño Claudia (2013) Desarrollo y actividades para cachorros en su primer año de vida. Revista Animales de compañía. Prototipo editorial. N. 132- Año 12 México.
  • Heiblum Moisés (2011) Medicina del comportamiento canino para el clínico veterinario. INTER-médica. Buenos Aires; Argentina.
  • Carpentier Marcel (1997) Tu primer perro. Hispano Europea. España.
  • De Buyser Colete (1996) La educación del perro. OMEGA. Barcelona; España.
  • Robert Jean-Pierre (1991) Guía del perro y su dueño. Editorial AEDOS, S.A. España.

 

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