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El ABC del buen dueño

Muchos nos hablan de responsabilidad. En la televisión, en la radio o la familia nos indican que la responsabilidad nos hace mejores personas, pero ¿a qué se refieren?

Debes prestar especial atención al artículo de MI NUEVA MASCOTA, en el que insistiré sobre la responsabilidad que conlleva adquirir una mascota.
Es necesario sopesar las ventajas y posibles inconvenientes de adquirir una mascota, tener claro qué tipo de mascota se quiere y en qué momento.

 

 

 

En primer lugar, todos los miembros de la familia deberían estar de acuerdo en la nueva adquisición. Si bien nos gusta considerar a las mascotas como un miembro más de la familia hay que saber que no todos los animalitos que metamos en casa pueden llegar a participar de nuestras vidas y formar un vínculo social-afectivo real. Por ejemplo, en muchos hogares puede que no afecte nada (ni varios miembros de la casa se vean en absoluto influidos) la presencia de una pecera con un par de peces dorados, una pequeña tortuga de agua dulce que jamás sale del cuarto de los niños o una jaula con un canario que vive siempre en el balcón de la cocina y cuyo color y canto aprecian más fácilmente nuestros vecinos. Pese a ello, es fundamental que todos los habitantes estén de acuerdo.

Así debe suceder también en el caso en que el niño traiga a casa un hámster o un pequeño lagarto. En esta situación, la decisión final corresponde sobre todo a los padres, que en muchas ocasiones terminamos siendo quienes más tiempo y tareas de limpieza les dedicamos.


Lo ideal sería que todas las familias disfrutemos de las mascotas, unos animales con un físico y unas costumbres tan diferentes (y a la vez tan iguales) a las nuestras. La convivencia con una mascota trae consigo fuertes lazos de afecto, cariño, alegría, aunque también puede pasarnos factura con sentimientos negativos, no sólo por la tristeza de su muerte (que al ser su esperanza de vida menor a la nuestra debemos vivir irremediablemente), sino también porque nos hagan enfadar con su comportamiento o nos provoquen sustos de diversa índole. Por ello, más vale plantearse con seriedad la conveniencia o no de añadir un miembro más a la familia.
Ser un buen dueño no debería ser una obligación, sino una decisión propia a favor de nosotros o de alguien más. 



Bibliografía:

  • Carpentier Marcel (1997) Tu primer perro. Hispano Europea. España.
  • De Buyser Colete (1996) La educación del perro. OMEGA. Barcelona; España.
  • Robert Jean-Pierre (1991) Guía del perro y su dueño. Editorial AEDOS, S.A. España.

 

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